En nuestra serie Historias Locales nos gusta acercarnos a las tradiciones que forman parte de la vida cotidiana en Mallorca. A lo largo del tiempo hemos hablado de artesanos, productos locales y proyectos que mantienen vivo el patrimonio cultural de la isla. Son historias que ayudan a entender Mallorca más allá de sus playas: su paisaje, su gastronomía y el trabajo de quienes siguen cuidando oficios tradicionales.
Uno de los elementos más importantes de esa cultura es el aceite de oliva mallorquín, un producto que ha acompañado la vida en la isla durante siglos y que hoy sigue ocupando un lugar central en la cocina local.

Mallorca – Un paisaje marcado por los olivos
Los olivos forman parte del paisaje mallorquín desde hace más de mil años. Muchos de los ejemplares que hoy se pueden ver en la Serra de Tramuntana son olivos milenarios, de troncos retorcidos y formas casi escultóricas que cuentan historias de generaciones enteras dedicadas al campo.
Tradicionalmente, los olivares se cultivaban en terrazas de piedra seca que se adaptaban a la montaña. Este sistema agrícola, además de permitir el cultivo, ayudaba a conservar el suelo y aprovechar el agua de lluvia. Hoy en día, muchos de estos olivares siguen en producción y forman parte del paisaje cultural protegido de la Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La variedad más característica de la isla es la “Mallorquina” o “Empeltre”, una aceituna que produce un aceite suave, afrutado y equilibrado. En los últimos años, el aceite de oliva de Mallorca ha ganado reconocimiento gracias a su calidad y a la Denominación de Origen Oli de Mallorca, que protege y promueve su producción.

Del olivo a la mesa
El proceso de elaboración del aceite sigue siendo, en muchos casos, una mezcla de tradición y tecnología moderna. La recogida de la aceituna suele realizarse entre octubre y enero, dependiendo del clima y del momento de maduración.
En muchas fincas, la cosecha se sigue haciendo a mano o con pequeños métodos mecánicos que respetan el fruto y el árbol. Una vez recogidas, las aceitunas se llevan al molino donde se prensan para obtener el aceite.
El resultado es un producto profundamente ligado al territorio: un aceite que refleja el suelo, el clima y el carácter mediterráneo de Mallorca. En la cocina local está presente en casi todo, desde el pan con tomate y aceite hasta pescados, verduras o ensaladas sencillas que dejan que el producto hable por sí mismo.
Para muchos mallorquines, una buena comida empieza con algo muy simple: pan payés, aceite de oliva y sal. A veces no hace falta mucho más.

Descubrir la Mallorca más auténtica
Conocer productos como el aceite de oliva es también una forma de entender el ritmo y la historia de la isla. Visitar olivares, molinos o mercados locales permite descubrir el trabajo que hay detrás de uno de los ingredientes más emblemáticos del Mediterráneo.
Desde Hotel Ca’n Bonico, situado en el tranquilo pueblo de Ses Salines, es fácil explorar el sur de la isla y acercarse a esta cultura gastronómica. Los mercados que tenemos cerca, los restaurantes locales y las pequeñas tiendas ofrecen muchas oportunidades para probar productos mallorquines de calidad.
Nuestro hotel abrió sus puertas el 10 de marzo, dando comienzo a una nueva temporada. Entre jardines y la calma que define esta parte de Mallorca, Ca’n Bonico es el lugar perfecto para descubrir la isla a un ritmo más pausado.
Porque Mallorca no solo se visita: también se saborea.
